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         Gastar tiempo en escribir sobre uno mismo sólo tiene sentido si quien en ello se ocupa piensa que hay alguna probabilidad de que el reIsultado, eso que hoy suele llamarse memorias y antaño, un tanto ampulosamente, autobiografía, llegue a interesar a unos cuantos lectores. A algunos porque son gente amiga de quien escribe. Y a otros, seguramente escasos, porque si por casualidad o curiosidad se encuentran con un nombre que les suena de algo, pueden encontrar un contenido útil o simplemente entretenido, en unas páginas que alojan recuerdos, sucesos y episodios vividos por quien los cuenta. En todo caso, como el ejercicio de ponerse a escribir algo mínimamente presentable (no quiero afirmar que yo lo consiga aquí) requiere bastante empeño y no poca constancia, sólo merece la pena a condición de que también conlleve una parte de entretenimiento agradable. Y además, como no es lo mismo fijar las palabras en soporte electrónico sin tener que moverse de casa, ocupación o pasatiempo hoy al alcance de cualquiera, que sufrir los desvelos, preocupaciones y desgastes diversos que acarrea llegar a ver editado un libro, he terminado por animarme, después de algunas dudas, a llenar unas cuantas páginas en las que cuento mi vida de músico y a estamparlas, no en papel escrito, sino en la leve materialidad de ese océano internáutico al que unos y otros a diario enviamos tesoros, inventos nimios o basuras. Así podrán llegar por lo menos a unos cuantos amigos, y quizá también a algún pescador que por casualidad echó el anzuelo al agua, prendió una pieza que a lo mejor no estaba buscando, empezó a leer, y después siguió, a ver qué me cuenta éste, hasta donde pudo aguantar. Esta recompensa no es muy grande, pero con ella me conformo, pues también tengo que reconocer que escribiendo estas páginas he revivido recuerdos para mí muy agradables, porque son los míos, y algunos además divertidos. Porque muchas de las cosas que cuento las tenía medio olvidadas y me ha gustado recordarlas. En un tiempo en que los que se han decidido por el oficio de músicos tienen muy pocas oportunidades de disfrutar de la música mientras se están preparando y aprendiendo lo que se les exige para llegar a ejercer como tales, recordar que para uno la música fue todo lo contrario, la ocupación más agradable, ilusionante y divertida entre el resto de tareas obligatorias, no deja de producir una satisfacción muy explicable. Por supuesto, entre los escasos, pero seguros lectores, que van a entrenerse con lo que aquí dejo escrito, va a haber unos cuantos músicos de profesión, la mayor parte de ellos amigos míos. Aunque no muchos, porque, sorprendentemente, hay muy pocos músicos a los que guste hablar de música con sus colegas, sobre todo si la conversación no apunta en contra de otro, por aquello de: “¿Quién es tu enemigo? El de tu misma profesión”. No es, por tanto, a ese colectivo al que yo pienso que estas páginas van a interesar principalmente, porque un músico no acostumbra a tratar sobre música (ni tampoco a escucharla) fuera de sus horas “de trabajo”. Por otra parte, como aquí sólo voy a recordar mi vida de músico, el resultado va a ser la narración de un conjunto de hechos, vivencias y opiniones sobre lo que para mí ha supuesto la práctica de la música, tejidos sobre ese hilo del tiempo que ha ido pasando. Lo cual, aunque de vez en cuando adquiera algún matiz de sorpresa o de humor o de interés, no va a ser, ni de lejos, una especie de entretenimiento del género narrativo cercano a un cuento o novela, porque la narración va a estar sembrada de constantes interrupciones.        A todo esto se añade, en mi caso, que la mayor parte de quienes tienen alguna referencia sobre mi profesión, la tienen sobre todo acerca del campo de la música al que preferentemente me vengo dedicando con mayor asiduidad desde hace muchos años, el de la recopilación, estudio y edición del repertorio de las músicas populares de tradición oral. Con asiduidad he dicho, no con exclusividad, pues casi desde mis comienzos he distribuido mis ocupaciones musicales a partes iguales entre la enseñanza, la creación musical y el trabajo musicológico al que acabo de referirme. El cual, lo sé muy bien, es para la inmensa mayoría de los músicos profesionales un campo muy lejano y además, o por ello, carente de interés, porque es el de unas músicas consideradas como de poca importancia, de poco valor artístico: esas musiquillas que no merecen más que, si acaso, una atención pasajera cuando alguien tiene necesidad de dar razón de ellas por cualquier circunstancia sobrevenida y externa a su principal ocupación musical. Sobre estas consideraciones me he extendido con cierta amplitud en el artículo Folklore = Músicas celestiales, que puede leer quien lo desee en el apartado Escritos en pdf,  de esta misma página web. 
        Todas estas son razones de peso que me han originado serias dudas antes de ponerme a hilvanar estas páginas. Pero hay otras varias motivaciones de mucho mayor calado para que me haya decidido a contar algo sobre mi vida de músico. Las resumo y comento aquí brevemente.
Quiero en primer lugar recordar cómo me fui haciendo músico, pues un músico no se forma en poco tiempo. Pero sobre todo porque el oficio de músico con todas sus virtuales aptitudes no se adquiría antaño, cuando yo empecé a prepararme, ni de la misma manera, ni por los mismos medios, ni en los mismos recintos e instituciones docentes en que hoy se forma un músico. Mi edad y las circunstancias en que he desarrollado mi oficio de músico durante mi ya larga vida me permiten ver y entender con una perspectiva amplia los diferentes y variados tipos de músicos y las variadísimas  tareas, ocupaciones y pasatiempos que un músico puede llevar a cabo dentro de su profesión. Llevaba ya bastante tiempo con la idea de tirar de mis recuerdos y sacarlos a flote, pues nunca lo he hecho hasta ahora, preguntándome reflexivamente cuáles fueron las circunstancias, siempre casuales, que me empujaron hacia la afición, apasionada a veces, de inventar músicas, que algo debió tener de innata, pero tanto o más se alimentaría, así lo pienso, de lo que había de música alrededor de mi vida de niño y de adolescente. Pero nunca me había decidido a hacerlo, hasta que una entrevista publicada en la revista Música y Educación (reproducida en esta misma sección de la página web), en la que la redactora Sol Rodrigo me hizo un buen número de preguntas muy certeramente planteadas sobre mi vida de músico, me hizo saber, por testimonios que me han llegado, que soy algo más conocido de lo que yo pensaba, y que ciertos aspectos de mi forma de entender la profesión de músico son compartidos por más colegas de los que yo creía.
         Me estoy refiriendo, sin embargo, con esta cita, al ámbito reducido de los profesionales de la música. Pues por lo que yo soy más conocido, y en un ámbito mucho más amplio, aunque también muy disperso en cuanto a gente relacionada con la música, es por mis obras musicales, que son sobre todo canciones. Y entre todas, que superan los tres centenares, como puede verse en el Catálogo de obras que ordeno y comento en esta misma página web, por las que compuse y fueron publicadas en mi primer disco LP que se editó con el título genérico Salmos para el pueblo (opus 7), donde me explico detenidamente acerca de las circunstancias en que vio la luz esta primera obra ampliamente difundida, explicando su génesis y comentando su amplísima difusión por todos los países de habla hispana y por otros varios, a los que han sido traducidos los textos. El hecho de que el contenido de esta obra, que no es de juventud, sino de madurez (tenía ya 32 años cuando la compuse) fueran composiciones cuya hechura (texto y música) abrió una nueva línea en el género que puede denominarse música (canción, sobre todo) popular religiosa, ha sido sin duda alguna el acontecimiento que me ha hecho más conocido como músico.   
         De esta etapa, que apenas duró tres o cuatro años, me voy a ver obligado a hablar. Pero ni como exclusiva ni como principal en mi trayectoria, pues las cuatro décadas siguientes que han llenado mi vida de ocupaciones y de composiciones musicales ya no pertenecen a aquel primer género y estilo con que salí a la palestra pública como autor de músicas. Ya he dejado dicho, y lo repito aquí, que durante más de cuarenta años me he venido dedicando a la docencia musical, a la composición y a la recopilación e investigación de la música popular de tradición oral. De todos estos trabajos voy a ir tratando en esta trayectoria, y de cada uno de ellos con el detalle y amplitud que me merece cada uno en el contexto de mi profesión.
         Como podrá ver el lector que tenga interés por lo que voy contando aquí, mi vida de músico tuvo una primera etapa para la que yo me preparé a conciencia durante siete años y en la que ejercí durante otros siete. Al cabo de las cuales la trayectoria de mi vida cambió de tal manera que mi profesión de músico tuvo que virar hacia otras tareas diferentes y dirigirse hacia otros destinatarios distintos. Y en esa segunda etapa se ha ido enriqueciendo con cada una de las funciones que he venido a ejercer como músico, de acuerdo con los destinatarios de mis trabajos. Indudablemente ha sido esta última la que más aptitudes me ha aportado. Pero ello no habría sido posible sin la preparación pluriforme que me proporcionó la primera.  

Manzano